Todo era azul delante de aquellos ojos y era
verde hasta lo entrañable, dorado hasta muy lejos.
Porque el color hallaba su encarnación primera
dentro de aquellos ojos de frágiles reflejos.
Ojos nacientes: luces en una doble esfera.
Todo radiaba en torno como un solar de espejos.
Vivificar las cosas para la primavera
poder fue de unos ojos que nunca han sido viejos.
Se los devoran. ¿Sabes? No soy feliz. No hay goce
como sentir aquella mirada inundadora.
Cuando se me alejaba, me despedí del día.
La claridad brotaba de su directo roce,
pero los devoraron. Y están brotando ahora
penumbras como el pardo rubor de la agonía.




Bonito poema de Miguel Hernández. Un saludo. Anael.
es mas feo que picio!!patetico es lo peor decepcionante
me ha decepcionado total, peor imposible es de lo mas ridiculo y espantoso.Me resulta vergonzosisimo.A mi no se me ocurriria hacer una cosa tan feita.a esto llaman un poema??